4/13/2012

Cuento. Titulo: Un mundo visto por abajo

 Ya llega el ruido. El ruido que se repite cada cierto tiempo, y que hace temblar todo el suelo. Bueno, ya estoy acostumbrado. No me molesta. Quizá, el motivo general por el que no me moleste es porque así tengo algo que hacer, escuchar, o simplemente saber que hoy algo, y que no estoy solo frente al mundo.

 Me dedico a salir de mi cobijo, entre los escombros y las piedras sueltas de las paredes. Antes de todo, asegurarse de que nadie me vea salir tal sitio. Si esto ocurriera, no tendría ni lugar de alojamiento. Solo me quedaría mi mascota. Un perro pequeño, limpio, muy limpio, con manchas que crecen cada día. No sé por qué, pero cada día lo veo más negro, marrón o gris. No se exactamente el color. Solo te puedo decir que lo veo cada día más limpio y bonito. Es mi perro, un amigo, alguien que me acompaña todos los días por los pasillos de este laberinto.

Sitio despejado. Empujo una basura colocada enfrente de una agujero, mi salida, de modo que pueda salir. Salgo. Vuelvo a colocar la basura como estaba, para tapar y esconder mi casa.

 Los pasillos son largos, y, sobre todo, apagados y tristes. Cubiertos por azulejos color blanco por arriba y verde por abajo. Todavía hay poca gente. Las horas no llegan a alcanzar la tarde. Será por eso todo se encuentra tan vacío. Los otros días puede que alcance incluso una masa de gente de unas cien personas. Las máquinas han dejado de funcionar. Ya no queda nada. Qué extraño. Ya no pasan metros. Ya no camina gente. Ya no se oyen voces, conversaciones, llantos de niños, ni música de alguno que se sienta y se dedica a tocar algo. Ya no se oyen pasos, ni risas, ni abrir y cerrar de puertas del metro. Todo está en silencio. Solo quedo yo y por supuesto mi amigo, mi familia, mi todo: mi perro.

 -Parece que hoy la gente se ha tomado un día libre de descanso. Tenemos un día de suerte, amigo. Hoy tenemos todos los pasillos libre, y ningún peligro a que nos vean cogiendo algo, no propiedad de nosotros. Bueno, ¿a qué esperamos? Vamos a buscar comida.

 Allá esta el banco. El banco que utilizamos cada día. Nuestro sitio, donde nos paramos a descansar siempre. Vaya. Que raro. Hoy da la casualidad de que está vacío. Supongo que es normal. Como no hay nadie, todo será nuestro.

 Hoy no me apetece sentarme. Normalmente eso se hace para ver lo que ocurre a tu alrededor. Pero como esta vez no hay mucho que mirar. No hay nadie y con ello nada para divertiste en contemplarlo.

 Seguimos caminando por los pasillos oscuros, vacíos y apagados. Por allí se ve algo más de luz. Ése es lugar donde se encuentran algunas tiendas. Entre ellas está la que vende tabaco, otra de riquísimos bombones, perfumes y algún que otro de joyas.

 -¡Madre mia! Las tiendas están abiertas y no hay nadie que  los vigile. Sí. Amigo, hoy es nuestro día de suerte.

 Las puertas están abiertas de par en par. Las estanterías llenas de chocolates, tabaco y otras muchas cosas. Abro la mochila y, como no, todo va para dentro. En mi mente no cesa de a perecerme las palabras: paraíso, perfecto, ... todo. Quisiera que apartar de hoy todo fuera igual. Bueno, ya tengo comida para toda la semana. Ya no tengo que esforzarme más en buscar por las papeleras o rincones sucios, pan o algo que sea comestible.

 Enciendo un cigarillo y me voy andando hacia mi lugar de alojamiento.

 Todavía no llego a saber el motivo el cual, hoy está todo tan despejado, vacío y libre. Pero en estos momentos nada me importa mucho. Solo mi comida, mi casa y como no, mi amigo.

 Aparto la papelera y me adentro hacia mi casa. Me acomodo en el sofá; bueno más bien, una hamaca, y me concentro en mi cigarro. Cuánto tiempo sin disfrutar así de la vida. Mi amigo no para de romper las cajas de bombones y comérselos a toda prisa.

 -Tranquilo amigo. Tenemos todo el tiempo de la vida. No te preocupes. Nadie te quitará nada. Todo es para ti.

 Me imagino por qué estoy tan solo. A veces me siento el único ser vivo en este mundo. ¿Será, que soy el único? ¿Quién más habrá? ¿Serán como yo? Bueno, ahora mismo no me interesa. Solo quiero disfrutar de mi cigarro, mi hamaca y mi amigo. ¡Ah! y mi casa.

 Sí. No paro de repetirlo. Hoy es mi día. Mi sueño hecho realidad.

 Me decido a dar una vuelta por los pasillos. Sentado todo el rato en m hamaca tampoco es de lo más divertido. Mi amigo me sigue por detrás y juntos vamos a dar un paseo largo. A la noche volveremos. Aunque aquí abajo nunca es de noche. Pero normalmente se ve por la cantidad de gente que entra y sale. Aunque hoy, como ya he dicho antes, no hay nadie. Bueno, hasta que nos cansemos.

 -¡Dios mío, amigo, amigo ven corre, que se acerca una gran nube de fuego! ¡Corre! ¡Correeeeee...!

* * *

  Noticias:
 - ya ha pasado todo. Todos fueron avisados a tiempo del atentado. No quedaba nadie en la estación de metro. Han logrado salvar gran parte de la ciudad. ¡Espera! Por allí sale un perro de manchas y muy sucio, por debajo de los escombros. ¡Cogedlo! ¡Cogedlo! ¿Alguien sabe de quién es? Bueno. Este perro ha sido muy valiente. Ha podido sobrevivir la explotación. Parece que quiere volver de donde ha salido. Bueno. Los encargado de este tema ya se lo llevan a la perrera. Esto es todo por hoy. Buenas noches y hasta mañana.

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